Orwell, George


George Orwell, seudónimo de Eric Arthur Blair (1903-1950), es conocido principalmente por sus novelas críticas con el totalitarismo: "Rebelión en la granja" y "1984" (escrita y publicada en sus últimos años de vida, donde aparece El Gran Hermano que espía y controla nuestras vidas).
Aunque concebida como sátira del estalinismo, Rebelión en la granja es también una fábula moral que transmite un mensaje universal sobre la corrupción del poder y las manipulaciones de la verdad histórica. Los cerdos acaban constituyendo dentro de la Granja una élite que explota a los demás animales que participaron en la rebelión, y los controla mediante la amenaza de los perros y las difamaciones de Chillón, el cerdo chismoso encargado de hacer propaganda y difundir mentiras. Napoleón se erige como único líder. En nombre del bien común, declara traidor, difama y ordena matar a quien se oponga a su poder.
Cubierta delantera
Los Siete Mandamientos de la Rebelión, que "justifican" las medidas que toma Napoleón, van siendo cambiados y adaptados según interesa a la élite gobernante.
Los animales son iguales, pero unos son más iguales que otros.
Poco a poco los cerdos acaban adoptando todos los defectos del propio hombre por los cuales en su día sustentaron la revolución.
Doce voces gritaban enfurecidas, y eran todas iguales. No había duda de la transformación ocurrida en las caras de los cerdos. Los animales asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo; y, nuevamente, del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro.

Aleixandre, Vicente



EL CUERPO Y EL ALMA

Pero es más triste todavía, mucho más triste.
Triste como la rama que deja caer su fruto para nadie.
Más triste, más. Como ese vaho
que de la tierra exhala después la pulpa muerta.
Como esa mano que del cuerpo tendido
se eleva y quiere solamente acariciar las luces,
la sonrisa doliente, la noche aterciopelada y muda.
Luz de la noche sobre el cuerpo tendido sin alma.
Alma fuera, alma fuera del cuerpo, planeando
tan delicadamente sobre la triste forma abandonada.
Alma de niebla dulce, suspendida
sobre su ayer amante, cuerpo inerme
que pálido se enfría con las nocturnas horas
y queda quieto, solo, dulcemente vacío.

Alma de amor que vela y se separa
vacilando, y al fin se aleja tiernamente fría.