Navales, Ana María
RECONOCER LA CASA, el triunfo de las sirenas
en el celofán que rodea el muro de tu vida.
Quizá no sea en el mar donde se guarda el enigma
que tu desnudez convierte en sueño y aventura
sino en la cumbre de aquel monte que la memoria
deshace en el camino imantado del regreso.
Una mirada se oculta en todos los espejos.
El ojo que la busca parece de otro hombre
con la piel extendida como un trofeo de caza,
pegada a la luz para sentirse transparente.
Sabe que ya no son necesarios otros dioses,
que el amor y el vacío de su huella son placeres
del silencio que evita así el rostro del tiempo.
Ni la noche, el jazmín, la ninfa y aquella nave
existieron nunca. En tu álbum de flores secas
todavía una rosa humedece las páginas.
Tiene el aroma del mar al que jamás llegaste.
Coetzee, John Maxwell
Goza de buena salud, tiene la cabeza despejada. Por su profesión es, o mejor dicho, ha sido un erudito, y la erudición todavía ocupa, bien que de manera intermitente, el centro mismo de su ser. Vive de acuerdo con sus ingresos, de acuerdo con su temperamento, de acuerdo con sus medios emocionales. ¿Que si es feliz? Con arreglo a la mayoría de los criterios él diría que sí, cree que lo es. De todos modos, no ha olvidado la última intervención del coro en Edipo rey. No digáis que nadie es feliz hasta que haya muerto.
Tendría que dejarlo de una vez por todas, retirarse, renunciar al juego. ¿A qué edad, se pregunta, se castró Orígenes? No es la más elegante de las soluciones, desde luego, pero es que envejecer no reviste ninguna elegancia. Es mera cuestión de despejar la cubierta, para que uno al menos pueda concentrarse en hacer lo que han de hacer los viejos: prepararse para morir.
Es la trituradora de las habladurías, piensa, que no para de funcionar de día ni de noche, y que hace trizas cualquier reputación. La comunidad de los rectos, de los que tienen toda la razón, celebra sesiones en cada esquina, por teléfono, a puerta cerrada. Murmullos maliciosos. Schadenfreude. Primero, la sentencia; luego, ya vendrá el juicio.
Desgracia (1999)
La prosa de J.M. Coetzee (1940) es directa, sencilla, limpia; disecciona con frialdad las contradicciones y deseos más ocultos de sus protagonistas. Pero su tema más recurrente es el abuso de poder, del que nadie es inocente, ni los individuos ni los diversos colectivos. Todos de algún modo abusamos de los más débiles, especialmente de los animales, como nos detalla su alter ego Elizabeth Costello, ficticia escritora australiana que reflexiona -en La vida de los animales (1999), también aparece en Hombre lento (2005)- sobre los principios morales, la lucha por esos principios y las propias dudas sobre ellos, el mal, la sexualidad a lo largo de toda la vida, el lenguaje, la vejez, el vegetarianismo, las tropelías diversas del ser humano con su medio y consigo mismo...
El sudafricano Coetzee, residente ahora en Australia, nacionalidad que también ha adoptado, es reconocido como uno de los mejores escritores vivos en el mundo anglosajón, dos veces premio Booker y el Nobel en 2003.
Una manera de dividir las religiones es entre las que consideran el alma como un ente perdurable y las que no creen tal cosa. En las primeras, el alma, eso a lo que el yo llama "yo", sigue existiendo por sí misma tras la muerte del cuerpo. En las otras, el "yo" deja de existir por sí mismo y lo absorbe un alma mayor...
Sin duda el teólogo, como teórico de la vida ultraterrena, replicará que la clase de amor que experimentaremos en el más allá resulta incognoscible desde esta vida temporal, de la misma manera que es incognoscible la clase de identidad que tendremos y nuestro modo de asociación con otras almas, y que por lo tanto sería mejor que dejáramos de especular. Pero si en la próxima vida "yo" llevaré una clase de existencia que ahora soy incapaz de comprender, entonces las iglesias cristianas deberían librarse de la doctrina de la recompensa celestial, la promesa de que la buena conducta en la vida presente será recompensada con la dicha celestial en la futura: quienquiera que sea ahora no lo seré entonces.
La cuestión de la persistencia de la identidad es incluso más crucial para la teoría del castigo eterno. O bien el alma en el infierno recuerda una vida anterior -una vida mal empleada- o bien no la recuerda. Si carece de tal recuerdo, entonces la condenación eterna debe de parecerle a esa alma la peor, la más arbitraria injusticia en el universo, prueba irrefutable de que el universo es maligno. Solo el recuerdo de quién fui y de cómo pasé mi tiempo en la tierra permitirá esos sentimientos de remordimiento infinito de los que se dice que son la quintaesencia de la condenación.
Diario de un mal año (2007)
Dinesen, Isak
Estaba en la cama pensando en los acontecimientos de los últimos tiempos e intentando entender lo que realmente había ocurrido. Me parecía que, de alguna manera, me había salido del curso normal de la existencia humana, metiéndome en un maelstrom donde nunca debía haber entrado. Por donde fuera que yo caminaba, el suelo fallaba bajo mis pies y las estrellas caían desde el cielo. Pensaba en el poema sobre Ragnarok, donde se describe esa caída de las estrellas y los versos sobre los enanos que gemían en sus cuevas de las montañas y morían de miedo. Todo esto, pensaba, no puede ser una coincidencia de circunstancias, lo que la gente llama una racha de mala suerte, sino que debe tener un fundamento. Si lo encontraba, me salvaría. Si buscaba donde debía, reflexioné, la coherencia de las cosas se me aclararía. Pensaba que debía levantarme y buscar una señal.
Mucha gente cree que no es razonable buscar una señal. Se debe a que para hacerlo hay que estar en un determinado estado de espíritu y mucha gente nunca lo logra. Si en esa disposición de ánimo pides una señal, no puede fallar la respuesta; se produce como consecuencia natural de una petición.
Había un lugar en las colinas, sobre la primera loma en el cazadero, que yo misma, cuando pensaba que iba a vivir y morir en Africa, se la había señalado a Denys como mi futuro enterramiento. Por la tarde, cuando estábamos sentados y contemplábamos las colinas desde mi casa, me dijo que a él le gustaría también que le enterraran allí. Desde entonces, cuando íbamos en automóvil por las colinas, Denys decía:
-Vamos a ir hasta nuestras tumbas.
Memorias de África (1937)
La danesa Karen Blixen, nacida Karen Christenze Dinesen, conocida por su pseudónimo literario Isak Dinesen (1885 - 1962), empezó a ser conocida en el mundo literario anglosajón con Seven Gothic Tales (1934). Fue Memorias de África el que sin duda la dio fama mundial, que se vería ampliada en el centenario de su nacimiento con la premiada pelicula dirigida por Sidney Pollack. La publicación en 1978 de las cartas desde África a su familia en Dinamarca revela una realidad diferente a la de la gran recreación literaria de la autora.
Eco, Umberto
Yo prefería estar solo y leer. Mi padre recibía en su suscripción desde París Le Constitutionnel, donde había salido por entregas El judío errante de Sue, y naturalmente devoré aquellos fascículos. Y allí me enteré de cómo la infame Compañía de Jesús sabía tramar los crímenes más abominables para apoderarse de una herencia, conculcando los derechos de los desheredados y de los buenos. Y junto a la desconfianza hacia los jesuitas, aquella lectura me inició en las delicias del folletín: en la buhardilla encontré una caja de libros que mi padre, evidentemente, había sustraído al control del abuelo e (intentando yo también mantener oculto al abuelo ese vicio solitario) me pasaba tardes enteras dejándome los ojos con Los misterios de París, Los tres mosqueteros, El conde de Montecristo...
Lleva un poco de tiempo, pero los placeres de la cocina empiezan antes que los del paladar, y preparar quiere decir pregustar, como estaba haciendo yo, todavía remoloneando en la cama. Los necios necesitan tener bajo las mantas a una mujer, o a un chicuelo, para no sentirse solos. No saben que el que se le haga a uno la boca agua es mejor que una erección.
Es extraño, es como si tuviera nostalgia de los judíos. Los echo de menos. Desde mi juventud, he construido, quisiera decir lápida a lápida, mi cementerio de Praga...
"El cementerio de Praga" (2011)
Umberto Eco (1932) hace un repaso irónico de creencias, odios, estereotipos... Lo que importa es lo que se haga creer a los demás, no tanto la realidad, nada es lo que parece y se nos imponen ciertas imágenes y tópicos que se transmiten sin reflexión. Difama que algo queda, es fácil construir prejuicios contra los demás. Novela de caricaturas, curiosidades y caprichos eruditos. Eco acaba parodiándose a sí mismo.
Faulkner, William
En el pabellón, una banda vestida con el azul de horizonte del ejército tocaba composiciones de Massenet, y de Scriabine, y de Berlioz, como una delgada capa de torturado Tschaikowsky en una rebanada de pan rancio, mientras el crepúsculo se disolvía en húmedos destellos que partían de las ramas y avanzaban hasta el pabellón y los sombríos hongos de las sombrillas. Ricos y resonantes tocaban los instrumentos de bronce, y sus notas se desvanecían en un crepúsculo verde, rodando sobre ellos en ondas ricas y tristes. Temple bostezó detrás de su mano, luego sacó una cartera y la abrió sobre una cara en miniatura, sombría y descontenta y triste. A su lado se sentaba su padre, con las manos cruzadas sobre la empuñadura de su bastón, la barra rígida de su bigote adornada de gotas de humedad como plata helada. Ella cerró su cartera, y por debajo de su elegante sombrero nuevo parecía seguir con sus ojos las ondas de la música, disolverse en las notas moribundas a través de la alberca y el opuesto semicírculo de árboles, donde a sombríos intervalos meditaban las reinas muertas en mármol manchado, y hacia el cielo, que yacía inclinado y vencido en el abrazo de la estación de la lluvia y de la muerte.
"Santuario" (1931)
A pesar de ser escrita para complacer al público y conseguir ingresos, despreciada por esa razón por su propio autor, Santuario está considerada como una de las mejores obras de Faulkner (1897-1962), en competencia con El ruido y la furia (1929) y Absalón, Absalón! (1936). Premio Nóbel en 1949, Faulkner es sin duda uno de los grandes autores de referencia que renovaron la novela del siglo XX, el Joyce americano... largos monólogos interiores, experimentación con múltiples narradores y el tiempo de la narración, oralidad del discurso narrativo, recreación de un territorio propio...
En realidad Santuario no es una novela muy representativa del estilo de Faulkner por sus concesiones con finalidad comercial. Cuenta la historia del idealista e inocente Horace Benbow, perseguido por la justicia y objeto de linchamiento popular, y el mafioso Popeye, encarnación del mal, viola a una adolescente y la lleva a un prostíbulo, la joven Temple Drake, también víctima pero no del todo inocente. Todo sucede en el imaginario condado de Yoknapatawpha. Tono trágico, desesperanzado, pesimista, aunque con destellos de humor. Consigue hacer ver los aspectos más sombríos del alma humana, la corrupción y la fuerza demoledora de la desilusión ante un mundo en manos de quienes saben manipular a los demás según sus intereses.
Machado, Antonio
Estos días azules y este sol de la infancia.
(Último verso de Machado, escrito poco antes de morir.)
A Machado, dolorido y solo
Poeta amable de cielos abiertos,
hombre bueno de alma sencilla,
navegante del mar de Castilla,
trovador de sus pueblos desiertos.
Sus caminos recién descubiertos
en tus rimas se hicieron semillas
y cantando por tierras y villas
verso a verso tornáronse ciertos.
Buscador de tesoros inciertos,
Don Quijote de causas perdidas,
amador de unas musas prohibidas,
soñador con los ojos despiertos.
Hondo hablaste de sus desaciertos
a las ásperas tierras queridas
y ellas sólo tallaron heridas,
golpe a golpe en tus desconciertos.
(De Guiomar y Leonor los afectos
en tropel atraviesan tu vida
y rebrotan antiguas heridas
piel y sangre quemando recuerdos.)
De equipajes ligeros cubiertos
días azules, infancias sencillas,
y desnudo, del mar las orillas,
envolvieron tus ojos ya yertos.
http://www.abelmartin.com/critica/montes.html
Greene, Graham
En los años 80, Leopoldo Durán era profesor de Literatura Inglesa en la Facultad de Filología de la Universidad Complutense. Nos solía contar anécdotas de su amistad y andanzas con Graham Greene (1904-1991), de forma velada e incompleta, procurando mantener la discreción que a veces su orgullo traicionaba. Dictaba apuntes que había que reproducir en sus exámenes. Si alguien intentaba ampliar con bibliografía, la calificación bajaba y al pedir una explicación, respondía que los críticos dicen muchas cosas, no se deje influir por los críticos, lo que importa es la verdad de cada autor (aquella verdad de apuntes fotocopiados de años anteriores). Tuvimos que memorizar también su "Estudio sobre El Poder y la Gloria". Controlaba la asistencia para que tuviéramos que ir a escuchar sus apuntes, que a veces alegraba contando algo sobre Greene. Vino indignado a clase cuando dieron el Nobel a Golding (1983), qué injusticia, ese premio era de Graham. Se decía que se lo bebían todo en sus conversaciones sobre lo divino y lo humano. En Monseñor Quijote (1982), Greene probablemente recreó algunos de sus diálogos, incluso de sus confidencias, además de sus viajes con su amigo español. Según Sherry, biógrafo de Greene, no dejó de enviar informes a los servicios de espionaje británicos hasta el final de sus días, en los que Durán le acompañó. Había rumores de que Durán también hacía ese tipo de servicios. Su afición a las armas le dio un disgusto unos años antes de su muerte en 2008.
-¿Tienes amigos?
-Sí, no estoy solo. No te preocupes, Sarah. Hay un inglés que antes pertenecía al British Council. Me ha invitado a visitarle en su dacha del campo cuando llegue la primavera. Cuando llegue la primavera -reiteró con una voz que Sarah apenas reconoció: la voz de un anciano, que no podía tener ninguna certeza de que llegase alguna primavera futura.
-Maurice, Maurice, por favor, no pierdas la esperanza.
"El factor humano" (1978)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
.jpg)


