Quignard, Pascal

Reconocido como el mejor escritor francés vivo, Pascal Quignard (1948) ha recibido prácticamente todos los premios de la literatura francesa. Con más de 50 obras, sólo una docena son realmente novelas. Creador de pequeños tratados, 53 en La Vida Secreta, que el autor no considera novela, al igual que El sexo y el espanto, tratado sobre erotismo romano, fruto de su observación en las ruinas de Pompeya y Herculano.

En La lección de Música, Quignard incluye tres relatos que tienen en común la reflexión sobre la música y la voz humana. El primero de ellos es un episodio extraído de la vida de Marin Marais, origen de la posterior Todas las mañanas del mundo.


Marin Marais, con altivez, sostiene en la mano izquierda el mástil de la viola que muestra delante de él. Voy a tratar de la muda de la voz humana, del momento en el que el timbre de la voz que articulan los hombres muy jóvenes experimenta un cambio, a la vez que su sexo se acrecienta y cae y les aparece el vello. Este ensombrecimiento de su voz es lo que los define y lo que les hace pasar del estadio de muchacho al de hombre. Los hombres son los ensombrecidos, esos seres de voz oscura que, hasta la muerte, vagan errantes en busca de una vocecita aguda de niño que abandonó su garganta. Tengo presente el recuerdo de un episodio de la vida de un músico de finales del siglo XVII, justo en la edad en que se separaba de su infancia...

Ha perdido su voz, ha seguido la calle del Arbre Sec y bordeado la orilla del Sena. Lo ha abandonado la infancia, el verano ha terminado, se ha apresurado en llegar a casa de Saint Colombe. Durante tres siglos no se supo nada de la obra de Saint Colombe. No se había conservado nada; Paul Hooreman encontró en 1966 cinco conciertos para dos violas de una belleza muy difícil y dolorosa...

¿Dónde está mi infancia? ¿Dónde está mi voz? ¿Dónde estoy yo, o al menos dónde estuve? No me conozco ya ni de oídas. ¿Cómo recobrarme en mi voz? ¿Cómo acordarme siquiera del motivo de mi lamento, yo que ya sólo puedo expresarlo con una voz gruesa que sin cesar lo recrimina y le da miedo y lo aleja?

Ésta es la vocación que Marin Marais se forjó: convertirse en el virtuoso de la voz baja, de la voz mudada hasta el punto de volverla imposible para cualquier otro.

Tocar la viola es estrechar el resonador más antiguo. Extraer el sonido de un gran vientre, una gran bolsa de piel convenida en caja de madera.

...Toda percepción sonora es un reconocimiento y la organización o especialización de ese reconocimiento es la música. Las lenguas nacionales sólo son pequeños fragmentos de música, pequeños distritos de música... El placer que se experimenta en el momento de la audición de una música tonal es regresivo...

Quienes escriben libros y tienen en alguna estima la belleza, atraen hacia sí un fanstasma de voz sin que puedan pronunciarla; intentan llamar a voces hasta en el silencio de su libro a una voz que precede a una voz, lo más a menudo muerta y siempre demasiado significante. Igual que los músicos que llaman a gritos a una voz siempre más viva, es decir, más insignificante, más infantil, más orgánica; una voz que es anterior a la muda y que los ha hecho decidirse por la música instrumental o la composición musical.

La invención del relato: el tiempo humano se resume en eso. La invención de la melodía no es humana y lo precede.

Pero no existe nada más. El sufrimiento humano está ligado a la música porque el sufrimiento humano resuena en el tiempo y en la voz masculina; y ésta resuena en el aire atmosférico que envuelve, de repente, el rostro durante varios meses antes de que el grito se haga lenguaje. Incluso Dios es pasado, nacimiento que vuelve a lo actual, a lo que nace. Lamento y música. El lamento es una muda del grito.

Todo aleja del silencio divino. La música está hecha para tentar lo que vive, arte que atrapa en su red a los espíritus del aire, los amores, los odios, los affetti. Los sonidos los convocan mientras los invitan o los llaman a voces.

Había elegido como instrumento de su arte el bajo, el bajo de viola, instrumento al que, en efecto, condujo al olvido por su virtuosismo, por su habilidad retorcida que daba paz a su tormento, por la belleza expresiva de sus piezas, rivales de la voz, por la extremada dificultad de sus piezas, de las cuales la más bella y tal vez la más difícil lleva por título Les Voix Humaines.

Al final de su vida, Marais se volvió sombrío y se retiró en el silencio, dejando abierta la puerta a la familia de los violines, a los venecianos y a los napolitanos.

Roth, Philip


Dicen en la Wikipedia que "el crítico literario Harold Bloom lo ha nombrado como uno de los cuatro escritores norteamericanos vivos más importantes... Tan influyente y prolífica ha sido su carrera literaria en Estados Unidos que existe una publicación periódica llamada Philip Roth Studies ("Estudios sobre Philip Roth") auspiciada por la Philip Roth Society (que no está afiliada de modo alguno con Roth o sus editores)". Sus obras más conocidas son Goodbye, Columbus (colección de cuentos publicada en 1959), El lamento de Portnoy (1969) y su "trilogía americana", publicada en los años 90, Pastoral americana (1997), con la que ganó el Pulitzer, Me casé con un comunista (1998) y La mancha humana (2000).
El personaje del escritor Nathan Zuckerman, que muchos han visto como alter-ego de Roth, aparece en las tres novelas de la trilogía. En La mancha humana es amigo y narrador de la desgracia del profesor de lenguas clásicas Coleman Silk.


...Tenía que dejar lo que estaba haciendo y escribir sobre lo que le había ocurrido: sus enemigos de Athena, al golpearle a él, habían acabado con su mujer. Al crear una falsa imagen de él, al llamarle cuanto no era ni jamás podría ser, no solo habían tergiversado una carrera practicada con la máxima seriedad y entrega...


Resulta fascinante lo que el sufrimiento moral puede hacerle a una persona que no es en modo alguno débil o enfermiza. Es incluso más insidioso que la acción de una dolencia física, porque no existe goteo de morfina ni bloqueo espinal ni cirugía radical que lo alivie. Cuando te tiene asido, es como si tuviera que matarte para que te veas libre de él. Su desnudo realismo no tiene parangón.


Estaba ocurriendo algo incomprensible. ¿Quién le había ido a Lisa con el cuento? ¿Qué le habían dicho exactamente?


Sabía que una indignación como aquella no podía conducir a un enfoque ordenado y razonado del problema... Sabía, por la cólera de Aquiles, el furor de Filoctetes, las violentas denuncias de Medea, la rabia de Áyax, el desespero de Electra y el sufrimiento de Prometeo, los numerosos horrores que pueden sobrevenir cuando se alcanza el mayor grado de indignación...


Había vuelto su desprecio hacia los amigos que no se pusieron de su parte, los colegas que no quisieron apoyarle y los enemigos que con tanta facilidad destruyeron todo el sentido de su carrera profesional. El deseo de desenmascarar la crueldad caprichosa de su virtuosa idiotez le llenó de ira... Delphine Roux.
Se puso en pie y se encaminó al despacho de aquella mujer, pensando que, a cierta edad, es mejor para la salud prescindir de lo que él estaba a punto de hacer. A cierta edad lo mejor que puede uno hacer es templar su actitud con la moderación, si no la resignación, si no la franca capitulación. A cierta edad, uno debería vivir sin hacer mucho caso de los agravios pasados ni invitar a la resistencia en el presente al presentar un desafío a la mojigatería existente.


¿Cómo podría uno poner en tela de juicio aquellas mentiras? Aunque demuestre que algo es falso, en un lugar como Athena, una vez se ha difundido, permanece. En vez de quedarme en casa incapaz de hacer nada hasta la hora de ir al cementerio, me puse chaqueta y corbata y fui al centro del pueblo, donde podría hacerme la ilusión de que existía algún modo de superar mi repugnancia.

Se comentó que en la película de Robert Benton (2003), el personaje compuesto por Nicole Kidman no representaba bien a Faunia Farley. Pero lo peor de la película de Benton tal vez sea que en ningún momento aparece la insidiosa Delphine Roux, personaje clave para el desarrollo del tema principal de la novela, la agresión moral continuada que padece Coleman Silk.

En Exit Ghost (2007, Sale el espectro) vuelve Zuckerman ya mayor en lucha contra su propio deterioro después de una cirugía de próstata. Pero es en la breve Indignación (Mondadori, 2009), votada por los críticos como uno de los libros del año en España, donde condensa Philip Roth (1933) gran parte de la esencia de su novelística, con personajes, situaciones y escenarios que recuerdan a muchas de sus páginas anteriores.



Algunos ven en el joven Marcus Messner de Indignación similitudes con el joven Toerless de Musil , incluso con Hans Castorp en La Montaña Mágica de Thomas Mann.

De haber sido capaz de soportar el servicio religioso y mantener la boca cerrada... hubiera pospuesto así el aprendizaje de lo que su padre sin estudios se había empeñado tanto en enseñarle: la terrible, la incomprensible manera en que las elecciones más triviales, fortuitas e incluso cómicas obtienen el resultado más desproporcionado.

Saramago, José

La Academia Sueca destacó su capacidad para «volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía» cuando en 1998 le concedió el Premio Nobel de Literatura a José Saramago (1922). Tal vez sea Ensayo sobre la ceguera su mejor novela, como muchos críticos señalan, representativa de su literatura y de su llamada a la insurrección moral; sin duda es una de las grandes novelas sobre la condición humana.

Por qué nos hemos quedado ciegos. No lo sé, quizá un día lleguemos a saber la razón. Quieres que te diga lo que estoy pensando. Dime. Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, Ciegos que ven, Ciegos que, viendo, no ven.

Los personajes tampoco tienen nombre en Ensayo sobre la lucidez, parábola política en la que la mujer del médico aparece de nuevo, esta vez con el voto en blanco como motivo del caos social.

Está diciéndome que el voto en blanco es subversivo, volvería ella a preguntar, Si es en cantidades excesivas, sí señor, Y dónde está eso escrito... Escrito, escrito, no está, pero cualquier persona entiende que se trata de una simple cuestión de jerarquía de valores y de sentido común, primero están los votos explícitos, después vienen los blancos, después los nulos, finalmente las abstenciones, está clarísimo que la democracia correría peligro si una de estas categorías secundarias sobrepasara a la principal, si los votos están ahí es para que hagamos de ellos un uso prudente, Y yo soy la culpable de lo sucedido, Es lo que estoy tratando de averiguar, Y cómo he conseguido inducir a la mayoría de la población de la capital a votar en blanco, metiendo panfletos por debajo de las puertas, por medio de rezos y conjuros de medianoche, lanzando un producto químico en el abastecimiento de agua, prometiéndole el primer premio de la lotería a cada persona o gastando en comprar votos lo que mi marido gana en la consulta, Usted conservó la visión cuando todos estábamos ciegos y todavía no ha sido capaz o se niega a explicarme por qué, Y eso me convierte ahora en culpable de conspiración contra la democracia mundial, Es lo que trato de averiguar...

En Caín, su última novela, Saramago reescribe los primeros episodios de La Biblia y ajusta cuentas con la idea de Dios (el silencio del universo).


Estaba claro, el señor desdeñaba a caín. Fue entonces cuando se puso de manifiesto el verdadero carácter de abel. En lugar de compadecerse de la tristeza del hermano y consolarlo, se burló de él, y, como si eso fuese poco, se puso a enaltecer su propia persona, proclamándose, ante el atónito y desconcertado caín, un favorito del señor, un elegido de dios. El infeliz caín no tuvo otro remedio que engullir la afrenta y volver al trabajo... Y siempre la falta de piedad de abel, la jactancia de abel, el desprecio de abel.

El señor hizo una pésima elección para inaugurar el jardín del edén, en el juego de la ruleta que puso en marcha todos perdieron, en el tiro al blanco de ciegos nadie acertó... Al matar a abel por no poder matar al señor, caín ya dio su respuesta. No se augure nada bueno de la vida futura de este hombre.

Dónde están noé y los suyos, preguntó el señor. Por ahí, muertos, respondió caín, Muertos, cómo muertos, por qué. Menos noé, que se ahogó por su libre voluntad, a los otros los he matado yo. Cómo te atreves, asesino, a contrariar mi proyecto, así me agradeces el haberte salvado la vida cuando mataste a abel, preguntó el señor. El día en que alguien te colocara ante tu verdadero rostro tenía que llegar... La respuesta de dios no llegó a ser oída, también se perdió lo que dijo caín, lo lógico es que hayan argumentado el uno contra el otro una vez y muchas más, aunque la única cosa que se sabe a ciencia cierta es que siguieron discutiendo y que discutiendo están todavía. La historia ha acabado, no habrá nada más que contar.


Tabucchi, Antonio


La muerte, el amor y el irremediable paso del tiempo son el tema común de las 17 cartas, o monólogos, que se escriben dirigidas a otras tantas mujeres por hombres enfermos de amor y nostalgia, extraviados en sus propias vidas que se agotan, protagonista plural y narrador común de Se está haciendo cada vez más tarde (2002) de Antonio Tabucchi (1943), gran escritor italiano, lusófilo y especialista en Pessoa (Sostiene Pereira, Los últimos tres días de Fernando Pessoa).


Adiós, mi querida Amiga, o acaso hasta que nos veamos en otra vida que indudablemente no será la nuestra. Porque los juegos del ser, como sabemos, están prohibidos por aquello que debiendo ser, ya ha sido.

El médico me ha dicho: usted es el clásico caso de homo melancholicus.

... y ves que es la misma sonrisa de hace cuarenta años, de cuando me dijiste: adiós, mañana nos vemos.
Cómo van las cosas, y lo que las guía: una nimiedad.

Y entonces, piensas, tal vez no sea más que una ilusión, una miserable ilusión, que con todo, por un instante, mientras has tocado esa música, ha sido verdadera de verdad. Y sólo por ella has vivido tu vida y te parece que eso confiere un sentido a la insensatez, ¿no crees?

Llega siempre el momento en el que comprendes que la ilusión sucesiva de los días, o su música, ha llegado a su fin. Si era ilusión, es como cuando, en el instante del alba, los contornos de lo real, antes difusos, se ven invadidos por la luz creciente y se vuelven nítidos, cortantes como hojas, y sin remisión. Si era música, es como si las notas de una orquesta, después del movimiento allegro, scherzoso, adagio y allegro maestoso, se volvieran solemnes y se apagaran lentamente: las luces se amortiguan y el concierto ha terminado.

Quisiera realmente escribirte una carta, un día de estos, una carta total, una carta verdadera y total, lo pienso y pienso cómo sería si te la escribiera: estaría escrita con palabras normales y corrientes, ya desgastadas por las muchas personas que las han dicho y casi ingenuas, si bien inflamadas por las pasiones de un tiempo.

Mucho me temo que el tiempo a nuestra disposición se está acabando. Cloto y Láquesis han terminado su tarea, y ahora me toca a mí.


Si el hombre es capaz de nutrir sus ilusiones, ése es todavía un hombre feliz.

Updike, John



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Quirón se acercó al borde de piedra caliza; su casco hizo un ruido estridente. Una piedrecilla cayó ruidosa al abismo. Levantó los ojos hacia la cúpula azul y comprendió que era verdaderamente un gran paso. Sí, seriamente, un gran paso para el que todo el andar de su vida no le había preparado. No era un paso fácil ni un viaje cómodo: costaría toda una eternidad llegar allí, una eternidad como la del yunque siempre cayendo. Se le hundieron los intestinos; le dolió la pierna herida; le pareció que su cabeza no pesaba. La blancura de la piedra caliza atravesó sus ojos. Una ligera brisa lamió su cara al situarse al borde del precipicio. Su voluntad, un diamante perfecto ahora que estaba sometida a la presión del miedo más absoluto, pronunció la palabra definitiva ...

Epílogo
Zeus había amado a su viejo amigo, y le elevó hasta colocarle entre las estrellas como la constelación de Sagitario. Aquí, en el Zodíaco, unas veces por encima y otras por debajo del horizonte, Quirón contribuye a regular nuestros destinos, aunque últimamente hay pocos mortales que miren con respeto al Cielo, y mucho menos aún que se dediquen a estudiar las estrellas.

El Centauro (1963), National Book Award de 1964 en USA, es la tercera de las más de 20 novelas de John Updike (1932), reconocido como uno de los grandes novelistas norteamericanos ("el azote de la clase media"). La novela transcurre en torno a una escuela de Secundaria de una pequeña ciudad de Pensilvania. Quirón, el más sabio de entre los centauros, es aquí George Caldwell, profesor de Ciencias, contrapunto al conocido personaje Harry "Conejo" Angstrom de otras novelas. La agonía y sacrificio del profesor, vencido por la vida y el trabajo, el desencuentro generacional con sus alumnos y su hijo, Peter (Prometeo), a quien intenta transmitir su sabiduría y rescatar de la mediocridad. Autorretrato del propio autor y su iniciación existencial adolescente; su padre fue también profesor en Pensilvania.

Dar la vida para expiar el antiguo pecado. Fue así como Quirón, el más noble de todos los Centauros (mitad caballo mitad hombre), erraba por el mundo sufriendo el agudo dolor que le causaba una herida recibida accidentalmente.
Quirón, pese a no ser culpable de nada de lo ocurrido, fue alcanzado por una flecha envenenada. Sempiternamente atormentado por el dolor, del que jamás podría curarse, el inmortal Centauro deseó la muerte y rogó que ésta le fuera concedida como expiación del pecado de Prometeo. Los dioses escucharon su plegaria, le aliviaron el dolor y le quitaron su inmortalidad. Murió como un hombre cualquiera, y Zeus le colocó como brillante arquero entre las estrellas.
Josephine Preston Peabody, 1897, Old Greek Folk Stories Told Anew.

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Caldwell se dio la vuelta y al volverse recibió en el tobillo el impacto de una flecha. La clase estalló en una carcajada...

Vargas Llosa, Mario

...yo colocaría a Proust, Mann, Joyce… entre los mayores creadores. Lo que quiero decir es que quizá las novelas estén llegando a su fin, porque en el mundo de hoy nos llegan infinitas imágenes e historias directamente a casa. Dudo mucho de que tengamos otro Proust, otro Faulkner. Los grandes maestros contemporáneos escriben de manera breve. Fíjese en Kafka, lo fragmentario que es. Hoy Shakespeare sería un guionista.¿Y quiénes serían los novelistas de hoy día? Hmmmm, es muy difícil contestar a esa pregunta. Creo que Mario Vargas Llosa lo es. "La fiesta del chivo" es indudablemente de las mejores novelas de hoy...dice George Steiner en entrevista publicada hoy en EPS.

En La verdad de las mentiras (1990, 2º ed. en Alfaguara, 2002), Vargas Llosa reúne ensayos independientes que analizan novelas y relatos aparecidos en el siglo XX. Aunque, desde luego, faltan muchos autores y títulos imprescindibles para hacerse una idea cabal de la narrativa escrita en ese siglo, creo poder asegurar que, en la arbitraria selección incluida en este libro -pues no responde a otro criterio que a mis preferencias de lector-, se vislumbra la variedad y riqueza de la creación novelesca en el siglo que hemos dejado atrás... Aunque es verdad que el XIX -el siglo de Tolstoi y Dostoievski, de Melville y de Dickens, de Balzac y Flaubert- merece con toda justicia haber sido llamado el siglo de la novela, no es menos cierto que el siglo XX lo fue también, gracias a la ambición y la audacia visionaria de unos cuantos narradores de distintas lenguas y tradiciones capaces de emular a quienes habían llevado tan alto las cimas de la novela. El puñado de ficciones materia de este libro prueba que, pese a las profecías pesimistas sobre el futuro de la literatura, los deicidas merodean aún por la ciudad fabulando historias para suplir las deficiencias de la Historia.

En una sociedad cerrada la Historia se impregna de ficción, pasa a ser ficción, pues se inventa y reinventa en función de la ortodoxia religiosa o política contemporánea, o, más rústicamente, de acuerdo a los caprichos de los dueños del poder.
Los hombres no viven sólo de verdades, también les hacen falta las mentiras: las que se inventan libremente, no las que les imponen; las que se presentan como lo que no son, no las contrabandeadas con el ropaje de la historia.
Por sí sola, ella es una acusación terrible contra la existencia bajo cualquier régimen o ideología: un testimonio llameante de sus insuficiencias, de su ineptitud para colmarnos... Las mentiras de la literatura, si germinan en libertad, nos prueban que eso nunca fue cierto. Y ellas son una conspiración permanente para que tampoco lo sea en el futuro.

Los autores reseñados, por orden alfabético, son: Bellow, Böll, Breton, Camus, Canetti, Carpentier, Conrad, Dinesen, Dos Passos, Faulkner, Fitzgerald, Frisch, Grass, Greene, Hemingway, Hesse, Huxley, Joyce, Kawabata, Koestler, Lampedusa, Lessing, Malraux, Mann, Miller, Moravia, Nabokov, Orwell, Pasternak, Solzhenitsin, Steinbeck, Tabucchi, Woolf.

Walser, Robert


Aparece Robert Walser en las novelas de Enrique Vila-Matas como un personaje más.


En Walser, el discreto príncipe de la sección angélica de los escritores, pensaba yo a menudo. Y hacía ya años que era mi héroe moral. Admiraba de él la extrema repugnancia que le producía todo tipo de poder y su temprana renuncia a toda esperanza de éxito, de grandeza. Admiraba su extraña decisión de querer ser como todo el mundo cuando en realidad no podía ser igual a nadie, porque no deseaba ser nadie, y eso era algo que sin duda le dificultaba aún más querer ser como todo el mundo. Admiraba y envidiaba esa caligrafía suya que, en el último periodo de su actividad literaria (cuando se volcó en esos textos de letra minúscula conocidos como microgramas), se había ido haciendo cada vez más pequeña y le había llevado a sustituir el trazo de la pluma por el del lápiz, porque sentía que éste se encontraba “más cerca de la desaparición, del eclipse”. Admiraba y envidiaba su lento pero firme deslizamiento hacia el silencio.

Volví a acordarme de Walser y de su casi permanente estado de sonambulismo. Un ser disociado de la vida común, destilando en soledad una literatura originalísima. Un hombre sin ambiciones... Un hombre modesto, conocedor a fondo de lo que era realmente retirarse y desaparecer de verdad. Alquien que seguramente sólo deseaba decir sus verdades sencillas antes de hundirse en el silencio.
Un asombroso escritor que narraba con una absoluta y extrema ausencia de intención.
Un creador que escribía para ausentarse.
En otros días, yo le veía a él como un personaje literario, no como un escritor ni como una persona que hubiera pasado realmente por este mundo... Pero en vida Walser sí tuvo sensaciones y oído, escuchaba perfectamente el silencio, y es probable incluso que advirtiera (aunque sólo fuera de lejos) que se estaba dando una pequeña fractura o revolución en la literatura, que se estaba produciendo la desarticulación del gran estilo clásico.
El arte de Walser fue ante todo el arte de desvanecerse. Su estrategia, por más que él con sus textos levantara acta de la disgregación de la totalidad y del eclipse del sentido, consistía en no imitar el desorden y dedicarse sigilosamente a ser visto sólo lo imprescindible y a tratar de desaparecer llamando la atención lo menos posible.
Doctor Pasavento (2005)

Esos personajes subalternos, esa ética de la subordinación, unen a Borges con Robert Walser, el autor de "Jakob von Gunten", esa novela que es al mismo tiempo un diario de memorable arranque.
El mal de Montano (2002)





Aquí se aprende muy poco, falta personal docente y nosotros, los muchachos del Instituto Benjamenta, jamás llegaremos a nada, es decir que el día de mañana seremos todos gente muy modesta y subordinada. La enseñanza que nos imparten consiste básicamente en inculcarnos paciencia y obediencia, dos cualidades que prometen escaso o ningún éxito...

La marginación, hermano, no existe, ya que en este mundo tal vez no haya nada, absolutamente nada digno de desearse. Y, no obstante, has de tener aspiraciones, y hasta diría que apasionadamente. Aunque para no consumirte de deseos, métete esto en la cabeza: no existe nada, nada a lo cual valga la pena aspirar. Todo está podrido.

La masa es el esclavo de nuestro tiempo, y el individuo, el esclavo de la grandiosa idea de la masa. Ya no hay nada bello ni excelente. Lo bello, lo bueno y lo justo has de soñarlo tú mismo. Dime, ¿sabes soñar?
Jakob von Gunten (1909)


En Walser pensaba yo a menudo. Me gustaba la ironía secreta de su estilo y su premonitoria intuición de que la estupidez iba a avanzar ya imparable en el mundo occidental. Me intrigaba la gran originalidad de sus relaciones con el mundo de la conciencia. Y siempre había encontrado infelices pero muy bellos sus melancólicos paseos alrededor del manicomio de Herisau, donde, remedando el destino de Hölderlin, estuvo internado durante veintitrés años, hasta el final de sus días. Desde que entrara en el manicomio de Herisau hasta que murió, no había escrito una sola línea, se había apartado radicalmente de la literatura. Murió en la nieve, un día de Navidad, mientras caminaba por los alrededores de aquel sanatorio mental. Se ha dicho de él que es el poeta más secreto de todos, y seguramente esto se aproxima a la verdad, pues para Walser todo se convertía por entero en el exterior de la naturaleza y lo que le era propio, más íntimo, lo estuvo negando a lo largo de toda su vida. Negaba lo esencial, lo más hondo: su angustia. Tal como él mismo decía en su novela Jakob von Gunten, disimulaba su desasosiego “en lo más profundo de las tinieblas ínfimas e insignificantes”.

Me puse a recordar a Seelig, que se había carteado con Walser, quien había accedido finalmente a que le visitara en el manicomio, de ahí salió ese documento admirable que es Paseos con Robert Walser.
Entre todos los escritores suizos, le parecía el personaje más peculiar y el escritor más original, y quiso tender una mano a ese autor que aparecía citado en los Diarios de Kafka. Lo que no sabía Seelig era hasta qué punto su protegido Walser era un escritor inmensamente original.
Vuelves a mirar a ese jardín que fue el último que vio Kafka, y le oyes decir a la señora: 
-Vivimos no para vivir, señor Walser, sino para ya haber vivido, para ya estar muertos.

Sé feliz, querido hermano, proponte una meta, aprende y, de ser posible, haz algo bueno y hermoso en favor de alguien.